El cóctel perfecto.

Un poco de ti.

Que cojones un poco, vamos a llenarlo todo de ti.

Tu eres el ingrediente principal.

Tu eres todo.

Vamos a ponerle ganas, ganas permanentes, de esas que no se acaban. 

También amor, amor del nuestro que como otro no hay.

Mezcla, mezcla bien.

Vamos a ponerle sexo, que incluye caricias, placer y orgasmos. 

Échale bastante.

Ponle poesía, que no falte. Poesía para vivir, amar y escribir. Perdón, escribirnos.

Vamos a poner sinceridad. Tu y yo, transparentes al 100% el uno con el otro. Sabe perfecto.

Échale te quieros, más, más. Que nunca falten.

No te preocupes, que si en el vaso no caben tantas cosas, creamos uno más grande. Como nuestro amor.

Pon más de ti, que tu le das un sabor perfecto a todo. Eres el ingrediente secreto.

Sigue mezclando.

Y para acabar, échale un “para siempre”. Que nunca se sabe, pero siempre gusta tenerlo de regusto final. 

Y quien sabe, tu y yo, maestros del amor, igual acabamos de crear el cóctel perfecto.

Eso si, nunca tan perfecto como tú.

Y que sepas que lo voy a pedir cada día de mi vida, solo si eres tu quien me lo sirve.

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Él y ella.

Ay mi dios.

Tres palabras que describen como se siente cuando él la mira, la toca, la besa.

Su dios. 

Sus ganas de no rendirse. 

Su batman.

Sus ganas de no acabar.

Su todo.

Sus ganas de todo.

Y la besó.

Fue el tipo de beso del que nunca podría hablarse en voz alta. Fue el tipo de beso que le hizo saber que nunca había sido tan feliz en toda su vida.

Y es que para ella, cualquier lugar es su casa si es él quien abre la puerta.

Y es que son él y ella. 

Ella y él.

Cualquier combinación resulta perfecta si de ellos se trata.

Y es que…

Él, que se la come con la mirada. Y ella que se deja comer.

Él, que le roba la sonrisa que ni ella sabia que tenía. Ella, que le hace acelerar sin miedo a estamparse.

Él, que tiene en su cabeza una locura preciosa. Ella, que ha unido su locura con la suya creando una melodía perfecta.

Él, que la quiere hasta la luna, ida y vuelta. Ella, que se la bajaría las veces que hicieran falta, tan solo por un simple beso.

Ella que ya no solo le adora, que ahora le quiere.

Y es que ella,

y solo ella,

está enamorada de él.

Superhéroes en el arte de vivir

Tu y yo haciendo el amor, 

descolgando la luna,

superhéroes en el arte de vivir.

Recorriendo con mis dedos tu camiseta de batman. Sintiendo en cada roce una fuerza que jamás he sentido. Esa fuerza llamada ilusión o esperanza, que más da, brota de mis ojos en forma de agua salada al despedirme cada vez que te vas. 

Que des de ese día que te vi por primera vez me paso cada noche buscándote entre mis sueños, deseando encontrarte y vivir  eternamente en ellos. 

Y al día siguiente despierto deseando con más fuerza aún que estés a mi lado y que con tu sonrisa en la boca seas el primero en decirme buenos días. 

Despierto esperándote.

Y tus ojos, chico, te juro que cada vez que me miran me la lían. Y es que tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y, sencillamente, se niegan a apartarse.

Que me haces sentir. Sentir que siento la necesidad de decirte todo lo que siento. Y es que no existen ni existirán las palabras para describir con exactitud lo que siento por ti.

Que aumenta cada día más y más.

Déjame hacerte melodía. Déjame tocar tu sinfonía. Déjame llegar a la nota más alta y caer en picado. Déjame tocarte con las delicadas caricias que mis manos te brindan. Déjame hacerte una armonía perfecta a la mía. Déjame hacerte la única música de mi vida.

Y si me la cantas tu, mejor.

Y es que estamos a nada de serlo todo. Dos héroes perdidos entre mil batallas. Sin esperanza alguna. Que por casualidades de la vida empiezan a luchar juntos y ven que son más fuertes cuando su piel se pone en contacto. 

Invencibles.

Solo si están juntos.

Muero por gritarle al mundo que te quiero. Que quiero perderme contigo y en ti. Que te necesito en mi vida. Que mis ganas de ti no se quitan, se acumulan. Gritarle al mundo que sin ti yo ya no soy. Que con otros me sobró tiempo, pero contigo me faltan vidas. Que el verdadero fracaso habría sido no encontrarnos jamás. Que me estoy enamorando de ti.

Y puedo afirmar que ese momento va a llegar en muy poco tiempo. 

Porque te adoro.

Y sin querer,

el te adoro,

ya se me ha quedado corto.

Sin ropa y sin nombre.

Ya sabéis lo que dicen; cuando el corazón se acelera, la ropa estorba. Y es que con él mi corazón sufre de ataques.

Y es que follamos como demonios y acabamos abrazados como ángeles. Convirtiendo el infierno en el paraíso donde todo Dios quisiera vivir. 

Ya sea de pie, sentados, a cuatro o subidos en esa mesa de billar que tantas ganas le tenemos.

No hay mejor pijama que su piel desnuda rozando la mía. Pero ya me lo dijo una vez, que ni de noche dormiríamos. Y es que la noche se volvería clara si por nuestro fuego fuera.

Ese fuego que desprende nuestro roce.

Hay pecados que merecen ser repetidos. Y es que joder, con él pecaría hasta que el mismísimo Satanás me dijera que me estoy pasando.

Somos una mezcla entre ternura y perversión. Y esta mezcla es mejor que cualquier cóctel que sepa preparar.

Y es que quiero amanecer cada día encima de ti, 

porque a tu lado,

ya estamos muy lejos.

Y me encanta…

Y me encanta, me encanta cada vez que sus ojos cruzan con los míos. Cuando me sonríe entre beso y beso o desde lejos, detrás de la barra. Sentir sus manos. Esas manos… Que no me creeríais si os digo que hacen milagros.

Y me encanta, me encanta cuando su cuerpo se estremece al morderle la clavícula. Cuando lo siento mío. Mío, fuerte y muy dentro.

Y me encanta, me encanta cuando me agarra fuerte y me acerca hacia él. Y siento su calor, mezclándose con mis ganas de hacerle mío nuevamente.

Esas ganas que no se van nunca.

Me encanta, me encanta como habla, como besa, como muerde, como mira, como canta, como respira, me encanta todo. Me encanta él.

Y perdona, perdona si mi único deseo es encerrarte en mi cuarto y no dejarte salir. Perdona si siento un cosquilleo en el cuerpo cada vez que te beso. Perdona si te quiero para mí las 24 horas que tiene un día.

Y ojalá tuviera más.

Y es que entre besos y hielo, palomitas y camisetas hawaianas, se que esto es el principio de algo muy grande.

                        – ¿Como qué?

                        – Como quién.
#BT