Sin ropa y sin nombre.

Ya sabéis lo que dicen; cuando el corazón se acelera, la ropa estorba. Y es que con él mi corazón sufre de ataques.

Y es que follamos como demonios y acabamos abrazados como ángeles. Convirtiendo el infierno en el paraíso donde todo Dios quisiera vivir. 

Ya sea de pie, sentados, a cuatro o subidos en esa mesa de billar que tantas ganas le tenemos.

No hay mejor pijama que su piel desnuda rozando la mía. Pero ya me lo dijo una vez, que ni de noche dormiríamos. Y es que la noche se volvería clara si por nuestro fuego fuera.

Ese fuego que desprende nuestro roce.

Hay pecados que merecen ser repetidos. Y es que joder, con él pecaría hasta que el mismísimo Satanás me dijera que me estoy pasando.

Somos una mezcla entre ternura y perversión. Y esta mezcla es mejor que cualquier cóctel que sepa preparar.

Y es que quiero amanecer cada día encima de ti, 

porque a tu lado,

ya estamos muy lejos.

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