Cosa de dos

Descolgar la luna y meterla debajo de las sábanas para que duermas mejor.

Perdernos por las estrellas como hacia peter pan en sus más dulces historias.

Escapar del monstruo de debajo de la cama a base de fundirnos el uno con el otro.

Que en vez de perder el zapato como cenicienta, me pierda en ti y en tus ojos y que tu seas el encargado de dejarme sin zapato, sin ropa y sin aliento.

Que las persianas dejen entrar el sol de la mañana mientras tu y yo seguimos envueltos en el edredón.

Y sentir tus pies rozando los míos, y tu piel erizarse con el frío de las mañanas de invierno, bajo esa nube de plumas.

Y decirte te quiero al oido. Tan cerca que tiembles.

Y temblar por el miedo a perder la cabeza por ti.

(Sin saber que mi cabeza ya se había perdido entre lo mas profundo de la vieja Habana)

Y en la Habana embarcar de tu mano, y solamente contigo, para perdernos juntos en sus playas.

Que ni el Sol de sus playas quema tanto como tú.

Que ni el más profundo y tormentoso de los mares me hace tener tanto miedo como el que tengo a perderte.

Y es que si es de tu mano, el miedo a ahogarse desaparece completamente.

Ofreciéndome ese salvavidas que empezaste a llenar de aire y de vida un día caluroso de julio.

Y que julio llena, pero no tanto como septiembre. Ese septiembre tan imprudente que todo lo barre.

Que barre los miedos, las restas y todo lo malo habido y por haber. 

Porque de tu mano voy a recorrer mil planetas y sus respectivas lunas.

Porque contigo no es cosa de uno, contigo es cosa de dos.

Resumen de mi existir

Esa gran luz, esa gran luz que ilumina toda barcelona aunque estén todas las luces apagadas.

La fuerza que desprende. Las ganas que lleva en ella. La de canciones de Melendi que canta. La de veces que me hace repetir.

Rodeada de eso, eso que marca y deja huella. Que muerde, pero nunca haciendo daño. Que roza y no deja indiferente.

Alegra la vista, el oído, el tacto, y todos los sentidos habidos y por haber. Que gracias a ella he descubierto que existen. 

Que difícil es tener que imaginarla. Que difícil es verla en pantalla y no poder estar a milímetros de ella. 

Cuando se acerca provoca. Provoca una mezcla entre el infierno y el cielo, un tsunami y un incendio, la nieve y tus besos. 

Y es que no hablo de nadie.

Que hablo de algo.

Ese algo que no quiero que se pierda nunca.

Ese algo por lo que luchare cada día y cada noche.

Ese algo, que no es algo, que es todo.

Esa sonrisa.

La sonrisa de Miguel.

Teníamos que encontrarnos.

Y es que es así.

Tenía que encontrarte.

Tenías que encontrarme.

Teníamos.

Debíamos.

Y es que ya sabes que yo creo en el destino. Creo en esa fuerza que une a las personas. Que todo esta escrito. Como tu amor en mi espalda.

Un día cualquiera me encontraste ahí, rota en mil pedazos (y suerte que me encontraste), porque en vez de irte, me prometiste que me ibas a devolver las ganas. Y fue así, así fue, y así será como me devolviste y devolverás las ganas cada día. Devolviéndomelo todo. Juntando cada pieza de mi puzzle con una del tuyo, encajándola de esa manera que solo tú sabes. De esa manera que solo yo quiero. De esa manera tan tuya. Tan mía. Tan nuestra.

Sumándome con cada sonrisa, restándome las penas y multiplicándome a mí.

Y es que no estaba planeado, fue un amor no intencionado, un amor espontáneo, pero sincero. Como cuando me miras a los ojos, como en cada orgasmo, como en cada te quiero, en cada eres mía y en cada soy tuyo. Y solo mío. Ese tan mío que nada tiene que ver con la posesividad. Ese tan mío que un tal Risto nos hizo entender.

Si te cuento un secreto, un buen destino es que dos personas se encuentren cuando ni siquiera se estaban buscando.

Así que si no te es mucha molestia, ven. Ven conmigo y tapémonos que llega el frío. Dame un abrazo, porque este invierno, en este frío invierno, lo único que hará que entre en calor va a ser tu amor.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Memorias de dos superhéroes 

Un día cualquiera te despiertas sin pensar que desde ese día, tu vida cambiará para siempre.

Te levantas y te mojas la cara con agua para empezar a ver mejor todo lo que te rodea. Disfrutar de cada detalle. Miras, hueles, sientes.

Y de repente, tú.

Apareces un día. Sin avisar. Sin advertirme de que me vas a volver loca. Sin decirme que vas a cambiar mi vida completamente. Sin comentarme que vas a conseguir enamorarme y que ya no habrá marcha atrás.

Y de repente, nosotros.

Ya no somos dos, sino uno. Ya no vemos la vida en blanco y negro, sino que vemos una explosión de colores pastel y neón. Ya no corremos solos, sino de la mano. Y corremos sin frenos, pero sin miedo a estamparnos. Y es que si juntamos los dos nuestros poderes, volamos mas alto que las nubes.

Y de repente, yo.

De repente y de frente. De repente soy feliz. De repente ya no me falta nada más. De repente lo tengo todo. Todo se resume a ti, a tu sonrisa a milímetros de la mía. De repente me siento llena. De repente ya no estoy rota. De repente te quiero.

De repente tu.

De repente yo.

De repente siempre.

El cóctel perfecto.

Un poco de ti.

Que cojones un poco, vamos a llenarlo todo de ti.

Tu eres el ingrediente principal.

Tu eres todo.

Vamos a ponerle ganas, ganas permanentes, de esas que no se acaban. 

También amor, amor del nuestro que como otro no hay.

Mezcla, mezcla bien.

Vamos a ponerle sexo, que incluye caricias, placer y orgasmos. 

Échale bastante.

Ponle poesía, que no falte. Poesía para vivir, amar y escribir. Perdón, escribirnos.

Vamos a poner sinceridad. Tu y yo, transparentes al 100% el uno con el otro. Sabe perfecto.

Échale te quieros, más, más. Que nunca falten.

No te preocupes, que si en el vaso no caben tantas cosas, creamos uno más grande. Como nuestro amor.

Pon más de ti, que tu le das un sabor perfecto a todo. Eres el ingrediente secreto.

Sigue mezclando.

Y para acabar, échale un “para siempre”. Que nunca se sabe, pero siempre gusta tenerlo de regusto final. 

Y quien sabe, tu y yo, maestros del amor, igual acabamos de crear el cóctel perfecto.

Eso si, nunca tan perfecto como tú.

Y que sepas que lo voy a pedir cada día de mi vida, solo si eres tu quien me lo sirve.

Él y ella.

Ay mi dios.

Tres palabras que describen como se siente cuando él la mira, la toca, la besa.

Su dios. 

Sus ganas de no rendirse. 

Su batman.

Sus ganas de no acabar.

Su todo.

Sus ganas de todo.

Y la besó.

Fue el tipo de beso del que nunca podría hablarse en voz alta. Fue el tipo de beso que le hizo saber que nunca había sido tan feliz en toda su vida.

Y es que para ella, cualquier lugar es su casa si es él quien abre la puerta.

Y es que son él y ella. 

Ella y él.

Cualquier combinación resulta perfecta si de ellos se trata.

Y es que…

Él, que se la come con la mirada. Y ella que se deja comer.

Él, que le roba la sonrisa que ni ella sabia que tenía. Ella, que le hace acelerar sin miedo a estamparse.

Él, que tiene en su cabeza una locura preciosa. Ella, que ha unido su locura con la suya creando una melodía perfecta.

Él, que la quiere hasta la luna, ida y vuelta. Ella, que se la bajaría las veces que hicieran falta, tan solo por un simple beso.

Ella que ya no solo le adora, que ahora le quiere.

Y es que ella,

y solo ella,

está enamorada de él.

Superhéroes en el arte de vivir

Tu y yo haciendo el amor, 

descolgando la luna,

superhéroes en el arte de vivir.

Recorriendo con mis dedos tu camiseta de batman. Sintiendo en cada roce una fuerza que jamás he sentido. Esa fuerza llamada ilusión o esperanza, que más da, brota de mis ojos en forma de agua salada al despedirme cada vez que te vas. 

Que des de ese día que te vi por primera vez me paso cada noche buscándote entre mis sueños, deseando encontrarte y vivir  eternamente en ellos. 

Y al día siguiente despierto deseando con más fuerza aún que estés a mi lado y que con tu sonrisa en la boca seas el primero en decirme buenos días. 

Despierto esperándote.

Y tus ojos, chico, te juro que cada vez que me miran me la lían. Y es que tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y, sencillamente, se niegan a apartarse.

Que me haces sentir. Sentir que siento la necesidad de decirte todo lo que siento. Y es que no existen ni existirán las palabras para describir con exactitud lo que siento por ti.

Que aumenta cada día más y más.

Déjame hacerte melodía. Déjame tocar tu sinfonía. Déjame llegar a la nota más alta y caer en picado. Déjame tocarte con las delicadas caricias que mis manos te brindan. Déjame hacerte una armonía perfecta a la mía. Déjame hacerte la única música de mi vida.

Y si me la cantas tu, mejor.

Y es que estamos a nada de serlo todo. Dos héroes perdidos entre mil batallas. Sin esperanza alguna. Que por casualidades de la vida empiezan a luchar juntos y ven que son más fuertes cuando su piel se pone en contacto. 

Invencibles.

Solo si están juntos.

Muero por gritarle al mundo que te quiero. Que quiero perderme contigo y en ti. Que te necesito en mi vida. Que mis ganas de ti no se quitan, se acumulan. Gritarle al mundo que sin ti yo ya no soy. Que con otros me sobró tiempo, pero contigo me faltan vidas. Que el verdadero fracaso habría sido no encontrarnos jamás. Que me estoy enamorando de ti.

Y puedo afirmar que ese momento va a llegar en muy poco tiempo. 

Porque te adoro.

Y sin querer,

el te adoro,

ya se me ha quedado corto.